Calderón de la Barca publicó el Gran Teatro del Mundo esta obra en 1655 y a más de 350 años de su publicación la comedia se sigue presentando y sigue causando risas en el público. La obra de Calderón que fue adaptada y dirigida por Andrés Carreño para que el siglo XVII entre en el siglo XXI, no es un spoiler decir que lo han logrado porque la obra lleva más de 100 funciones, una puesta que comenzó en el Carro de Comedias de la UNAM y que ahora realizan modificaciones para la presentación en el Teatro Sergio Magaña.

La manera en que Carreño acerca los personajes a nuestros días logra captar la atención del público, hay decisiones como mantener el personaje de “El niño” como un títere cuyas apariciones parecen ser contadas y sin un impacto real en la obra y es que este es un guiño para aquellas producciones en las que van enfocadas a las infancias, pero dónde realmente no existe un estudio de las necesidades y sus gustos, las infancias quedan borradas de productos que deberían de ser para su consumo.
Precisamente el consumo es otro de los conceptos que se comienza a cuestionar en la obra el consumo y la manera en que el Rico/El rey comienza a trabajar hacer que el Labrador deje al pobre y se convierta en su empleado, teniendo que agradecerle por la oportunidad, el rey sabe que nunca llegará a ocupar un lugar cómo el de él, pero utiliza el poder que tiene sobre el trabajador para convertirse en una figura que se va a idolatrar.

Esto es algo que podemos ver reflejado en la vida diaria, porque los mexicanos funcionamos con aspiraciones, de esas que nos hacen querer pertenecer a un lugar en el que sencillamente no vamos a encajar y dónde nos buscarán las diferencias para poder alejarnos de estos espacios, porque el poder opera como un sistema que se fortalece con las acciones de todo, incluso de los oprimidos.
El pobre, busca salir adelante, quiere encontrar la manera de luchar contra un sistema que no le ha favorecido, es un punto complicado porque es imposible no vivir en el sistema que al mismo tiempo te mantiene con vida. La unión que existe entre el Labrador y el Pobre es más cercana que entre el Labrador y el Rey, porque hay más similitudes con el Pobre, aunque la meta sea el Rico.

Replantear las problemáticas de Calderón de la Barca en el siglo XXI nos demuestra la vigencia de los problemas sociales que se han sofisticado en el mejor de los casos pero que siguen estando presentes. El Autor, se presenta como un Dios que controla todo lo que pasa, no sólo en la obra sino también en El Mundo, haciendo que el autor sea tan poderoso que el mundo parece solo existir para servir a la obra del Autor.
En la función del sábado 22 de agosto, se pudo notar cómo es que el trabajo funciona en un escenario más tradicional, haciendo uso de herramientas que seguramente al hacerlo en el Carro de Comedias resultaba imposible, por la naturaleza del escenario. La respuesta del público dejaba ver el gusto de la gente con los aplausos y risas que de manera genuina se escuchaban en la sala.


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