Escrita por José Domínguez
Hace unos días recorría las calles de una de las primeras colonias de la CDMX y me daba cuenta de la evolución que han tenido los espacios, no hace 20 o 30 años, sino hace 2 o 3 años las calles eran distintas, los negocios que formaban parte del paisaje eran otros y las personas también han cambiado, desde hace algunos años las calles de la ciudad se han convertido en hogar de personas migrantes.
Una diversidad cultural que está llegando a nuestro país y con la que tenemos que aprender a dialogar, no para borrarla, sino para aprender a convivir con ella, porque si algo es cierto es que no es un proceso que se pueda revertir y tampoco se va a detener. Este tipo de migración se da en condiciones muy distintas a las que vemos en colonias como la Roma o la Condesa, porque sus motivos son otros, sus problemas vienen de lugares diferentes. Esta migración de la que hablamos en cambio está marcada por los estereotipos que les preceden a su color de piel, su nacionalidad o sus acentos, mismos que muchas veces se tienen que neutralizar, aunque esto implique borrar una parte de su esencia.

Liza Zaldivar, está presentando la exposición El sueño Fluvial de la seca Realidad en el que muestra a través de sus diferentes cuadros una mirada de su propia identidad siendo hija de migrantes; Durante la inauguración en el Museo de la Cancillería escuchamos a Hiram Silva, quien tiene a cargo la curaduría y nos comenta que la artista decidió regresar a México siguiendo la misma ruta que siguieron sus padres cuando se fueron del país en busca de una mejor oportunidad.
A través de sus cuadros —comenta Hiram— está reflejada esa fragmentación que Liza sentía siendo hija de padres mexicanos, pero viviendo en otro país en el cuál el idioma es diferente, las costumbres son otras y existe una dicotomía entre conservar la esencia de tus raíces y vivir sin las consecuencias de ellas. La artista nació en el país vecino, sin embargo, la identidad de los Chicanos siempre ha estado marcada por la lejanía en ambas partes del Rio Bravo, lo que los ha llevado a forjar una propia.

Sus cuadros comenzaron con la figura de la mujer alargada, cuyo cuerpo era el protagonista del cuadro en el que podíamos ver estas 2 identidades de chicana y mexicana mirándose y entendiendo sus diferencias; Con el tiempo, las figuras de la artista comenzaron a evolucionar fusionándose con el paisaje que dibujaba, paisaje que está lleno de colores rojos, amarillos, cómo los desierto y al igual que la frontera marcada por un río, en los cuadros de Liza también se representa con los colores azules que en sus cuadros parecen dividir la escena en dos lados que se dan diluyendo y fusionando para crear una sola imagen.

Porque como menciona Hiram Silva: “Somos los humanos quienes delimitamos los territorios” y aunque existen territorios que por naturaleza separan dos espacios, lo cierto es que las reglas para poder transitar entre un espacio y otro es de nosotros; Pero al igual que el agua que sigue su cause sin importar si es México o cualquiera de sus países vecinos, las personas están realizando los mismos recorridos, buscando sueños y oportunidades que en sus países no han llegado, el sueño americano, el mexicano o el que los ayude a sobrevivir.
La exposición de Zaldivar dialoga con la migración y la identidad, con las personas que viven fuera de su país y que han creado una cultura propia para tener un sentido de pertenencia, las piezas de Liza nos muestran como es que los cuerpos se vuelven parte del territorio que habitamos, volviéndose parte de un paisaje y fusionando nuestras experiencias propias.
Ubicación: Museo de la Cancillería
Horarios: Lun – Vie 11:00 a 16:30 horas.
Fecha: Del 30/07/2026 al 26/09/2026


Deja un comentario